Y sí, podemos leer páginas enteras de discurso donde se nos explica cuándo y de qué manera todos nuestros males se irán evaporando a medida que el barrio “levante” a fuerza de torres. Pero ya se sabe: el mercado no hace beneficencia ni persigue otros objetivos que la mayor rentabilidad económica en el plazo más corto posible porque esa es su naturaleza. Aún cuando se lo pretenda disfrazar de progreso.
Preguntémonos entonces:
- Es progreso que nuestras tradicionales cuadras de casas, árboles y empedrado se estén llenando de edificios en lugar de reciclarse, ponerse en valor o construirse nuevas viviendas que respeten el perfil arquitectónico que nos da identidad como barrio?


- Acaso la verdadera revalorización de Barracas no pasaría por mantener su idiosincrasia rescatándola de la desidia en lugar de demolerla?
- Están progresando estos vecinos a los que en pocos meses se les levantaron medianeras de 30 metros en las narices y perdieron el sol y la privacidad en sus casas de por vida?


La prosperidad de Barracas no puede construirse –literalmente, en este caso- sobre el perjuicio de muchos de sus vecinos.