Por si hicieran falta más datos vemos que se han lanzado allí casi en simultáneo en las últimas semanas cuatro nuevos edificios en altura de los cuales ya teníamos noticias. Actualizamos, pues, el cuadro de situación:



Ituzaingó 856: finalizó la demolición de la casa de una planta que se levantaba en el terreno y está comenzando la obra. Según se puede constatar en el cartel de obra, se tratará de un edificio que tendrá entre 8 y 9 pisos y es un caso muy preocupante por el fuerte impacto que tendrá en esa cuadra conformada por casas bajas, cuatro de ellas de más de 100 años de antigüedad:
En resumen, en 200 metros cuatro nuevos edificios con alguna “amenity” modesta, idénticos a los que se hacen por toda la ciudad y concebidos en función del rápido negocio antes que de la calidad de vida de sus futuros moradores. Y por supuesto, sin el más mínimo respeto por el entorno, el barrio y los vecinos que en él vivimos.
Una de las maneras de preservar el perfil de esta zona de riesgo es promover su rezonificación desalentando los edificios en altura, facilitando el reciclaje y la puesta en valor de las viviendas existentes y limitando fuertemente la altura máxima de las nuevas construcciones en las cuadras de casas para que se adapten a su perfil modernizándolo en lugar de destruirlo. Desde aquí, en eso estamos.
El dinosaurio con piel de moderno se sigue comiendo la identidad de Barracas, azuzado por los “desarrolladores”, los profesionales insensibles y las inmobiliarias que enarbolan la bandera dudosa del “boom” junto con ciertos funcionarios que le acercan a la mesa normas hechas a la medida de su paladar.
Sin embargo, su plato favorito es la inacción vecinal.
NO LO ALIMENTES, SUMATE.